Más de una tercera parte de los pacientes que acuden a consulta, lo hacen padeciendo un trastorno emocional. Los principales son los trastornos de ansiedad y los trastornos del humor (depresión).
Lo primero que debe saber es que la ansiedad es una emoción y, como tal, es innata (nacemos con ella). Otras emociones relevantes son por ejemplo, la alegría, la tristeza, la ira, el asco o la sorpresa. Cualquier animal también puede experimentar estas emociones.
Ahora bien, lo normal de esas emociones es experimentarlas en ciertas situaciones. Por ejemplo, si se está en una boda, se debe estar alegre, o si se está en un funeral se estará triste.
¿Cuándo es normal experimentar ansiedad?. En una situación de PELIGRO. Cualquiera de nosotros, si nos sitúan delante de un perro peligroso, o por ejemplo una pistola, lo interpretaremos como un gran peligro, y por tanto experimentaremos la ansiedad.
Cuando a una persona le dicen “tú lo que tienes es ansiedad”, lo que se está queriendo decir, es que tiene un trastorno de ansiedad, o lo que es lo mismo un trastorno emocional (recordad que la ansiedad es una emoción).
Lo que le está ocurriendo a esa persona es que está experimentando la respuesta de la ansiedad ante situaciones que en realidad no son de peligro... pero el sujeto sí que ve un peligro. Algo similar sería el caso de alguien que se riera en un funeral. Estaría experimentando un trastorno emocional, porque experimenta una emoción (alegría) ante una situación inadecuada (funeral).
Por lo general, los sujetos que sufren de ansiedad pueden experimentar PELIGRO ante muchas razones como su lugar de trabajo, algún jefe/compañero de trabajo, algún familiar, alguna situación concreta o a las propias sensaciones generadas por la ansiedad por el temor a que algo CATASTRÓFICO ocurra.
Los diferentes trastornos de ansiedad son los siguientes:
. Trastorno de pánico con o sin agorafobia
. Fobia concreta o específica
. Trastorno de ansiedad generalizada
. Trastorno obsesivo-compulsivo
. Trastorno obsesivo
. Trastorno de ansiedad social o fobia social
. Trastorno por estrés postraumático
. Hipocondría*
* en las clasificaciones actuales la hipocondría no figura como un trastorno de ansiedad. No obstante, estudiando el curso del trastorno y viendo su similitud a los trastornos de ansiedad, no son pocos los profesionales que apostamos por una futura inclusión de la hipocondría como un trastorno de ansiedad.
La ansiedad por lo general hace que vivamos pendientes de que algo ocurra, que nos sintamos “nerviosos” permanentemente y que no hagamos ciertas actividades. El vivir en estas circunstancias de gran incertidumbre, facilita enormemente la aparición de un estado anímico depresivo (depresión). (subir)
Trastorno de Pánico - Agorafobia
¿Sufre un gran nerviosismo, experimentando palpitaciones, vértigos, ahogos, sofocos, temblores, sequedad de boca, visión borrosa, agarrotamiento muscular, dolor en el pecho, mareos, sensación de hormigueo ...?. ¿Esas sensaciones suele experimentarlas aún con más intensidad al estar en los grandes centros comerciales, al hacer colas, en lugares atestados de gente, en autopistas, cines o en autobús?. Usted probablemente, sufra de Trastorno de Pánico con Agorafobia (TPA) y con ello una gran incertidumbre de no saber qué son esas sensaciones o porqué son provocadas.
El trastorno tiende a hacerse crónico ya que la gente comienza a evitar situaciones temidas. Además, familiares y amigos, creyendo ayudar, empeorarán aún más si cabe la calidad de vida de estos pacientes. Comentarios del tipo “tienes que salir....,eso que te pasa no es nada..., piensa en otra cosa.., no te pasará nada..”, harán mayor la impotencia del paciente y generando un ánimo depresivo.
A diferencia de lo que Ud. pueda pensar los ataques de pánico son muy frecuentes; algunos estudios indican que el 80% de la población en general, habrá experimentado alguna vez uno en toda su vida. De toda esta gente, aproximadamente un 20% desarrollará un TPA. Piénselo bien; si está cenando en un restaurante con capacidad para 50 personas, la ciencia nos indica que entre 1 y 5 personas no estarán muy a gusto por miedo a sufrir un ataque de pánico.
La Unidad TPA de Santander, ofrece un programa de psicoterapia especializado diseñado específicamente para personas con esta problemática.
Nuestro programa de tratamiento se centra en el uso combinado de la medicación y de la terapia cognitivo-conductual, programa que ha sido científicamente avalado tras numerosas investigaciones como el más eficaz en el TPA y en otros trastornos. Utilizando esta terapia, usted comprenderá qué son esas sensaciones, por qué tiene esas sensaciones, cómo controlar esas sensaciones, e incluso tras el tratamiento, aprenderá a “reírse” de esas sensaciones. Observe querido lector que si esta viendo esta página es debido a su gran incertidumbre. De tal manera que desaparecerá su sintomatología nerviosa y el impacto que ésta genera en su familia, debido a la pobre calidad de vida que acompaña este trastorno.
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Más información sobre TPA:
El trastorno de pánico con o sin agorafobia es uno de los trastornos de ansiedad atendidos con más frecuencia en la práctica clínica. En la población adulta, la edad media del comienzo del trastorno de pánico sin agorafobia o con agorafobia leve es 24 años, mientras que la del trastorno de pánico con agorafobia se sitúa en los 28 años. Según un estudio epidemiológico australiano que incluyó a 10.641 personas y siguiendo los criterios de la cuarta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV), la prevalencia anual del trastorno de pánico fue del 1,3%; con agorafobia del 0,6%; y la de la agorafobia sin trastorno de pánico del 1,6%. Así pues, la prevalencia anual de la agorafobia fue del 2,2% (con dos mujeres por cada varón) y la mayoría de los agorafóbicos no presentaron historia de trastorno de pánico.
Ambos trastornos pueden fluctuar marcadamente, con remisiones (por lo general parciales) y recaídas de duración variable. Una recuperación de relativa estabilidad es improbable si no ha habido tratamiento o éste no ha sido el adecuado. Es frecuente la comorbilidad con otros trastornos de ansiedad y afectivos, hipocondría, abuso de sustancias y trastornos de personalidad.
En el caso del trastorno de pánico, las situaciones temidas no son las típicas agorafóbicas (p. ej., transportes públicos, cines, grandes almacenes), sino aquellas que producen sensaciones atemorizantes (p. ej., hacer ejercicio intenso, permanecer en ambientes calurosos o beber café). Conviene destacar que la activación fisiológica que puede ser interpretada catastróficamente (“voy a sufrir un infarto”) y dar lugar a ansiedad o pánico está producida no sólo por las situaciones sino también por otra amplia variedad de factores (p. ej., estrés, factores biológicos, ira, fatiga o fármacos). Además, diversas variables mediadoras influyen en que esta activación sea interpretada de modo más o menos amenazante. (subir)
Las fobias específicas (F.E.) mas comunes suelen darse ante situaciones muy específicas tales como la proximidad de algún animal, las alturas, los truenos, la oscuridad, viajar en avión, los espacios cerrados, tener que utilizar los urinarios públicos, ingerir ciertos alimentos, acudir al dentista, la visión de sangre o de heridas o al contagio de enfermedades muy concretas. Ante estas situaciones el individuo experimenta un gran nerviosismo como evidencian sus palpitaciones, sofocos, ahogos, sudores, sequedad de boca, rigidez, tensión, temblores... etc.
Los intentos en vano del paciente al intentar evitar o escapar de esa situación, junto con los consejos de los demás para que “no pienses en ello”, cronifican la evolución y el ánimo depresivo
La Unidad F.E de Santander ofrece un programa de psicoterapia especializado diseñado específicamente para personas con esta problemática.
Nuestro programa de tratamiento se centra en el uso combinado de la medicación y de la terapia cognitivo-conductual , programa que ha sido científicamente avalado tras numerosas investigaciones como el más eficaz en el F.E. y en otros trastornos. Utilizando esta terapia podrá eliminar esa fobia, porque le ayudaremos a comprender, porque se mantiene a lo largo del tiempo, porque aparecen sensaciones y, qué significan esas sensaciones. Todo ello reducirá considerablemente su malestar y el que este genera en su familia, debido a la pobre calidad de vida que acompaña este trastorno, y contribuirá a las desaparición de su sintomatología nerviosa.(subir)
Más información sobre FE:
Las fobias específicas son trastornos muy frecuentes, tanto en la población general como en nuestras clínicas, aunque en la práctica clínica muy pocas veces constituyen el motivo de consulta o diagnóstico principal. Actualmente las fobias específicas se clasifican en cuatro subtipos: animal, situacional, sangre/inyección/heridas y ambiente natural. Existe una categoría residual para las fobias no incluidas en los anteriores apartados (p. ej., la fobia a tragar). Esta clasificación se basa en las diferencias en variables como la edad de inicio, la comorbilidad y el diferente patrón de respuesta psicofisiológico ante el estímulo temido. Se trata, por tanto, de un trastorno muy heterogéneo.
Aunque en la actualidad existen modelos más sofisticados sobre el origen y el mantenimiento de las fobias específicas, el modelo clásico que insiste en el papel de la disminución de la ansiedad como reforzador de la evitación sigue siendo útil para explicar el mantenimiento y orientar el tratamiento del trastorno. Con independencia de la vía de adquisición, el principal factor de mantenimiento de las fobias específicas es la evitación del objeto-situación temida, que impide una correcta habituación de la ansiedad.(subir)
Trastorno de ansiedad generalizada
¿Suele mostrar quejas constantes de sentirse nervioso, con temblores, tensión muscular, palpitaciones, mareos, sudoración ..., junto con diversos temores a que uno mismo o un familiar vaya a caer enfermo o a tener un accidente, junto con otras preocupaciones y presentimientos muy diversos?. Si se siente identificado/a con esta descripción, Vd. sufre un Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG).
El no poder parar de evitar serios temores y preocupaciones conlleva sin lugar a dudas, un ánimo depresivo que cronificará aún más el cuadro de ansiedad.
La Unidad (TAG) de Santander, ofrece un programa de psicoterapia especializado diseñado específicamente para personas con esta problemática.
Nuestro programa de tratamiento se centra en el uso combinado de la medicación y de la terapia cognitivo-conductual , programa que ha sido científicamente avalado tras numerosas investigaciones como el más eficaz en el TAG y en otros trastornos. utilizando esta terapia aprenderá a controlar esas preocupaciones “no cotidianas”, de modo que consiga un método efectivo de eliminarlas.(subir)
Más información sobre TAG:
Es probable que de entre todos los trastornos de ansiedad, el de ansiedad generalizada (TAG) sea el que adolezca de mayores problemas de definición categorial. Una de las dificultades de definición del trastorno es la comprometida diferenciación entre el diagnóstico categorial, y por ejemplo, las características de la persona con elevadas puntuaciones en la dimensión de neuroticismo o de la ansiedad como rasgo. Solventar esta cuestión recurriendo a argumentos “de voltaje”, como en el caso de la supuesta continuidad entre trastornos del Eje I y del Eje II, sigue siendo, como mínimo, discutible. Por otra parte, la lista de síntomas que deben acompañar obligatoriamente a la ansiedad y la preocupación incluye la impaciencia, que es una característica de la personalidad, unida de forma equivalente a la inquietud, que es un síntoma emocional. Asimismo, incluye otros síntomas somáticos (como la fatigabilidad o la tensión muscular), cognoscitivos (como las dificultades de concentración) o alteraciones del sueño, que en modo alguno son distintivos del trastorno y ponen en tela de juicio su especificidad diagnóstica. Es probable que estas imprecisiones hayan contribuido a que el TAG sea uno de los trastornos mentales más diagnosticados en la asistencia primaria anglosajona.
Aunque la comorbilidad entre el TAG y otros trastornos no parece ser más frecuente que para el resto de los trastornos de ansiedad (se observan presentaciones puras en el 25-33% de los casos), sí parece ser más amplia e incluye desde trastornos del estado de ánimo hasta otros trastornos relacionados con el estrés como el colon irritable. La comorbilidad con otros trastornos mentales incrementa de manera significativa la incidencia de intentos de autólisis.
Aunque se observan casos de inicio anterior a los 25 años, el diagnóstico del trastorno suele producirse hacia los 35-45 años. El curso suele ser oscilante, con aparición frecuente de síntomas más propios de otros trastornos y períodos de remisión, lo cual dificulta la interpretación de los resultados terapéuticos. Así pues, no deja de sorprender que se informe de remisiones espontáneas hasta en el 20-25% de los casos.
Se ha observado que en alrededor del 50% de los casos, el TAG está precedido por una fobia específica, fobia social o trastorno por angustia con y sin agorafobia. Por otra parte, en el 50% de los casos o más, se diagnostica un trastorno depresivo mayor, un trastorno distímico o un abuso de alcohol secundarios al TAG.
Los modelos cognitivos y conductuales del TAG han variado el énfasis etiológico de la ansiedad a la preocupación, y esto ha contribuido a modificar sensiblemente su abordaje terapéutico. Existen dos grandes modelos psicológicos del TAG. El primero sostiene que las personas que sufren este trastorno utilizan la actividad verbal conceptual, sobre todo la preocupación, como estrategia ansiolítica frente a pensamientos más perturbadores desencadenados por señales internas y/o externas de amenaza. Por lo tanto, las preocupaciones se ven reforzadas negativamente por la reducción de la ansiedad, lo que, en contrapartida, incrementa su probabilidad de aparición y su persistencia.
El segundo modelo mantiene la definición de la preocupación como estrategia de afrontamiento, pero añade la presencia de una evaluación negativa de ese recurso. Es decir, preocuparse se convierte en un problema cuando la persona desarrolla creencias negativa sobre las preocupaciones y genera una preocupación por las preocupaciones que las convierte en algo peligroso e incontrolable. Así pues, en este modelo se distinguen dos tipos de preocupaciones: de tipo I (preocupaciones sobre acontecimientos internos no cognitivos (p. ej., la salud de la familia) y acontecimientos internos no cognitivos (p. ej., sensaciones somáticas) y de tipo II (preocupaciones por el preocuparse (p. ej., que pueda desembocar en la locura). La Utilización de las preocupaciones como estrategia de afrontamiento supone un incremento de la sensibilidad frente a información de contenido amenazador y/o el aumento del número de situaciones susceptibles de generar preocupaciones por sí mismas. Por su parte, las preocupaciones de tipo II fomentan la vigilancia de pensamientos no deseados, de tentativas de control de los pensamientos y de evitación de los desencadenantes de las preocupaciones, lo que exacerba su intrusividad y evita que se desconfirmen las creencias negativas que las caracterizan.
Las respuestas emocionales negativas que generan las preocupaciones (dificultades de concentración, dificultades para la conciliación del sueño, etc.) pueden ser interpretadas como pruebas a favor de las preocupaciones tipo II. Como ya se dijo, las respuestas emocionales positivas (p. ej., la reducción de la ansiedad o el incremento de la sensación de control frente a posibles catástrofes futuras) las refuerzan de manera negativa. (subir)
¿Se ve Vd. forzado repetitivamente a ducharse, lavarse las manos, comprobar puertas, cerraduras, contar objetos insignificantes, ordenar y recoger su casa con una excesiva pulcritud, o pasar mucho tiempo luchando contra pensamientos intrusivos, indeseados o muy molestos?. Si algún punto se cumple Vd. tiene un trastorno obsesivo – compulsivo (TOC).
Alguna nota importante acerca de este trastorno emocional, es que la media de tiempo que discurre entre el origen del trastorno y que la persona solicite ayuda es de ¡9 Años!. Lógicamente, a lo largo de este tiempo en el que el paciente cree poder controlar sus manías, el trastorno se cronifica con más obsesiones y compulsiones, por lo tanto no es de extrañar que los sufridores de este trastorno también sufran ciertos episodios depresivos (se estima alrededor de un 60%) debido a la pobre calidad de vida causada por sus pensamientos y sus actos. Algo que tiende a empeorar el trastorno es la nula comprensión de los familiares y conocidos, que en sus intentos de ayudar forzándoles a que no cometan su manía, entorpecerán la evolución.
La unidad (TOC) de Santander ofrece un programa de psicoterapia especializado diseñado específicamente para personas con esta problemática.
Nuestro programa de tratamiento se centra en el uso combinado de la medicación y de la terapia cognitivo-conductual , programa que ha sido científicamente avalado tras numerosas investigaciones como el más eficaz en el TOC y en otros trastornos. Utilizando esta terapia desaparecerá su sintomatología nerviosa y depresiva, sus pensamientos molestos (obsesiones), sus actos (compulsiones) y el impacto que este trastorno tiene en su familia. Dese cuenta que si está leyendo esta página se debe a la gran incertidumbre y desconocimiento a la que esta sometido. Nosotros le resolveremos sus dudas. (subir)
Más información sobre TOC:
El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) afecta a lo largo de la vida a más del 2% de la población general. Comienza habitualmente alrededor de los 20 años, aunque puede iniciarse en la infancia. Su curso suele ser crónico y con poca tendencia a la remisión sin el tratamiento adecuado. Existe una elevada comorbilidad con otros trastornos mentales, en particular el trastorno depresivo mayor. Los síntomas obsesivo-compulsivo no son patognomónicos del TOC y, de hecho, son frecuentes en diversos trastornos mentales. Las presentaciones del TOC son muy heterogéneas y en la actualidad se tiende a considerar que se trata de un camino final al que se llega por diferentes vías (etiopatogénicas). Aunque son posibles numerosas combinaciones, los síntomas obsesivo-compulsivos tienden a agruparse en determinados factores: obsesiones de contaminación y compulsiones de limpieza; obsesiones de daño y compulsiones de comprobación; obsesiones de simetría y compulsiones de repetición/orden; obsesiones y compulsiones de acumulación; y obsesiones (sobre todo sexuales o religiosas) sin compulsiones. Alrededor del 90% de los pacientes con TOC presentan obsesiones y compulsiones conductuales; sólo el 2% obsesiones sin compulsiones. El resto presentaría obsesiones y rituales mentales. En el TOC parece existir un continuo en cuanto al insight (reconocimiento de la irracionalidad de las obsesiones) situándose en un extremo del mismo los pacientes que niegan que sus obsesiones sean irracionales.
El paciente con TOC evita las situaciones o estímulos que le provocan obsesiones (ansiógenas) y presenta compulsiones (ansiolíticas) en respuesta a esta obsesiones. En ocasiones, las compulsiones intentan prevenir la aparición de obsesiones y/o evitar unas posibles consecuencias catastróficas. La mayoría de los pacientes con TOC –aunque existen algunas excepciones (p. ej., pacientes con “lentitud obsesiva”)- se ajustan a este modelo general. El estado de ánimo depresivo puede incluirse en el modelo, ya que es habitual que se presente de manera secundaria al TOC (y, además, favorece la aparición de pensamientos intrusivos y su valoración negativa, a lo cual también puede contribuir la activación psicofisiológica mantenida). Los modelos más cognitivos del TOC enfatizan la valoración negativa de las obsesiones por parte del paciente y variables cognitivas que en los pacientes con TOC se mostrarían elevadas; el sentido de responsabilidad, la intolerancia a la incertidumbre, la necesidad de control o el perfeccionismo. (subir)
¿Sufre ideas, imágenes o impulsos mentales que irrumpen una y otra vez en la actividad mental, que son desagradables y por más que intenta quitárselos de la cabeza, esta lucha resulta infructuosa?.
Vd. sufre un trastorno obsesivo (T.O). Aparentemente le pueden haber indicado, o haber leído que su trastorno no es un trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) porque carece del acto, para disuadir esa obsesión ... y así es ... a no ser que Vd. considere, como nosotros, que su respuesta mental para evitar el pensamiento, generalmente intentando distraerse, es un acto en sí. Por lo tanto presentaría un funcionamiento similar al (TOC).
La Unidad de (T.O) de Santander, ofrece un programa de psicoterapia especializado diseñado específicamente para personas con esta problemática.
Nuestro programa de tratamiento se centra en el uso combinado de la medicación y de la terapia cognitivo-conductual , programa que ha sido científicamente avalado tras numerosas investigaciones como el más eficaz en el T.O. y en otros trastornos. Utilizando esta terapia será capaz de controlar sus obsesiones, es decir, será capaz de conseguir lo que siempre ha buscado y nunca encontró ¡¡Dejar de pensar en ello!! (subir)
Trastorno por estrés postraumático
¿Ha estado sometido a alguna situación realmente vivida como muy estresante, peligrosa o amenazante, a raíz de la cual vuelve a revivir una y otra vez ese suceso traumático durante el día o en sueños?, ¿esas reviviscencias se acompañan de un gran nerviosismo?, ¿evita además situaciones o actividades evocadoras del trauma?. Vd. padece un trastorno de estrés post-traumático.(TPET).
Los intentos en vano del paciente al intentar no pensar o recordar lo sucedido, junto con los consejos de los demás para que “no pienses en ello”, cronifican la evolución y el ánimo depresivo
La Unidad de TPET de Santander, ofrece un programa de psicoterapia especializado diseñado específicamente para personas con esta problemática.
Nuestro programa de tratamiento se centra en el uso combinado de la medicación y de la terapia cognitivo-conductual , programa que ha sido científicamente avalado tras numerosas investigaciones como el más eficaz en el TPET y en otros trastornos. Utilizando nuestra terapia desaparecerán esas desagradables reviviscencias junto con las pesadillas, y las sintomatología nerviosa. Además, desaparecerá su sintomatología nerviosa y el impacto que ésta genera en su familia, debido a la pobre calidad de vida que acompaña este trastorno.(subir)
Más información sobre TEPT:
El trastorno de estrés postraumático (TPET) es uno de los trastornos de ansiedad más peculiares descritos hasta la fecha, no sólo por ser el único cuya causa es perfectamente conocida, sino también por su evolución histórica. Hasta 1980 no fue incluido en la tercera edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-III), si bien desde el siglo XIX pueden encontrarse referencias a cuadros psicopatológicos similares, principalmente en ex combatientes, con nombres distintos (shell shock, neurosis cardiaca, corazón de soldado, neurosis de renta, neurosis de guerra, etc.).
En la actualidad, según los criterios de la cuarta revisión del DSM (DSM-IV), se diagnostica un TPET cuando la situación a la que una persona se expone, directa o indirectamente, entraña una amenaza para su vida o para su integridad física y el sentimiento ante dicha situación es de intenso miedo o terror. Los síntomas que presentan los pacientes con TPET pertenecen a tres categorías: recuerdos invasivos, considerada por la mayoría de los autores la característica propia del trastorno; conductas de evitación y embotamiento afectivo, y una hiperactividad fisiológica importante.
La duración mínima de los síntomas debe ser superior a un mes. Si se prolongan durante más de 6 meses se considera TPET crónico, y si la sintomatología se manifiesta pasados 6 meses del acontecimiento que la ha producido, es de aparición demorada.
A pesar de la gran cantidad de estudios existentes sobre el tema, los resultados deben observarse con cautela. Hasta la fecha sólo existen dos trabajos prospectivos y cada uno de ellos utiliza criterios diagnósticos distintos. El resto están realizados sobre población clínica.
Se considera que la prevalencia-vida se sitúa entre el 5 y el 10% de la población general. Esta proporción varía según la situación traumática. En un reciente metaanálisis los acontecimientos traumáticos se clasifican en dos categorías: a) los producidos por agresiones de otras personas (violaciones, guerras, maltrato, abusos, ataques terroristas), ante los cuales la prevalencia y la gravedad del TPET es más alta, y b) los producidos por catástrofes naturales, accidentes de tráfico, etc. Alrededor del 75% de la población puede llegar a sufrir acontecimientos traumáticos intensos; de ellos, el 23% presentará sintomatología de TPET y un tercio seguirá un curso crónico independientemente de realizar o no tratamiento.
Los factores asociados con el riesgo de desarrollar el trastorno son: la gravedad del acontecimiento estresor y el tiempo de exposición al mismo; los traumas y abusos sufridos en el pasado, y el sexo. Los últimos estudios indican que la mayor frecuencia de TPET en mujeres se da únicamente en los casos de violencia, sin que existan diferencias significativas de sexo en los traumas no violentos. Esta diferencia no se debe tanto a la vulnerabilidad genética como a que ciertas experiencias pueden incluir diferente grado de amenaza real y daño físico en las mujeres. Otros factores, como los genéticos y la comorbilidad con otros trastornos, se han desestimado por el momento al no estar apoyados por estudios bien controlados. Constituye uno de los trastornos con mayor índice de suicidio y alrededor del 80% presenta comorbilidad con otros trastornos, principalmente afectivos, de ansiedad y con el consumo y abuso de alcohol y de otras sustancias tóxicas.
Las teorías cognitivas de procesamiento emocional sostienen que las personas que padecen TPET desarrollan “estructuras del miedo” condicionadas por el suceso traumático. La intensidad de la respuesta emocional ante el acontecimiento traumático depende de: la predicibilidad, el control y la percepción de amenaza del suceso; del relativo éxito en el intento de minimizar el daño; y de la pérdida real. Esta magnitud de la respuesta provoca en el paciente la ruptura de los conceptos básicos de seguridad anteriores al suceso y activa la “estructura del miedo”, el sistema en la memoria que pone en funcionamiento las conductas de evitación. (subir)
Trastorno de ansiedad social o fobia social
¿Suele evitar situaciones sociales determinadas por miedo a el qué dirán, que piensen algo negativo, temor a ser rechazado, temor a no gustar, temor a hacer el ridículo, tartamudear, quedarse en blanco...? ¿Hace eso que se vea a sí mismo como una persona insegura, y que en ocasiones no está a la altura de los demás?. Pues si es así Vd. sufre un Trastorno de Ansiedad Social (TAS).
Algunas notas importantes según diferentes estudios, indican que la gente que sufre este trastorno es aproximadamente entre el 1´5% y el 3´5% de la población general. Es mucha gente pero desde nuestro punto de vista, posiblemente el número de personas víctimas de este trastorno es mucho mayor; estaríamos hablando sobre que aproximadamente el 20% de la población general sufre timidez. Estas personas buscan ayuda entre los 6 y los 20 años de estar sufriendo el problema, lo que favorece sin lugar a dudas a que entre el 35 y 50% de los fóbicos sociales presenten conductas depresivas.
La Unidad de (TAS) de Santander, ofrece un programa de psicoterapia especializado diseñado específicamente para personas con esta problemática.
Nuestro programa de tratamiento se centra en el uso combinado de la medicación y de la terapia cognitivo-conductual , programa que ha sido científicamente avalado tras numerosas investigaciones como el más eficaz en el TAS y en otros trastornos. Utilizando esta terapia realmente APRENDERÁ a desenvolverse en las relaciones sociales de un modo adecuado, haciendo críticas, aprendiendo a DECIR NO, a quedar mal con los demás, a ligar ... y a enfrentarse a cualquier situación social sin ningún tipo de complejos. (subir)
Más información sobre F.S.:
La fobia social es el trastorno de ansiedad más frecuente y podría ser el tercer trastorno psiquiátrico con mayor prevalencia a lo largo de la vida en la población general. La edad de inicio autoinformada se sitúa alrededor de los 16 años, su curso suele ser crónico y, sin el tratamiento adecuado, las remisiones son escasas. La comorbilidad con otros trastornos de ansiedad, abuso de sustancias y trastorno depresivo mayor es habitual. Este último caso dificulta con frecuencia su identificación.
Actualmente se distingue entre fobia social específica y generalizada, según el miedo esté circunscrito a una situación o varias. El tipo generalizado está asociado a una mayor heredabilidad, interferencia (limitación) y comorbilidad, y representa aproximadamente el 70% de los pacientes con fobia social que buscan tratamiento. Existe un gran solapamiento entre la fobia social generalizada y el trastorno de personalidad por evitación y probablemente las diferencias entre ambos sólo sean cuantitativas, representando el trastorno de personalidad por evitación una forma más grave de fobia social generalizada.
Los modelos actuales de las variables cognitivo-conductuales más relevantes en el mantenimiento de la fobia social suelen conceptuar las dificultades en habilidades sociales como un factor situacional, modulado por la ansiedad condicionada o las cogniciones negativas que provoca la exposición a determinadas situaciones, más que como un déficit propio de la mayoría de los pacientes con fobia social. Otras variables que pueden incluirse en el modelo son: las creencias generales (supuestos, asunciones o esquemas) sobre aspectos como la visión de uno mismo por parte de los demás, la necesidad de causar buena impresión o la tendencia al perfeccionismo; las interpretaciones negativas de los síntomas fisiológicos; las ejecuciones negativas “reales”; el estado de ánimo disminuido; y as posibles reacciones negativas por parte de los demás. (subir)
¿Suele estar preocupado persistentemente sobre la posibilidad de tener una o más enfermedades graves, puesta de manifiesto por la presencia de síntomas, sensaciones corporales o por preocupaciones constantes sobre el aspecto físico?. Si es así Vd. tiene un trastorno hipocondríaco. En la actualidad, este trastorno no está catalogado como un trastorno de ansiedad, pero nosotros entendemos, junto con otros profesionales, que la manifestación de este trastorno es similar al de los trastornos de ansiedad. De hecho algunas publicaciones ya anticipan la futura entrada del trastorno hipocondríaco en los trastornos de ansiedad.
La Unidad de Hipocondría de Santander, ofrece un programa de psicoterapia especializado diseñado específicamente para personas con esta problemática.
Nuestro programa de tratamiento se centra en el uso de la medicación y de la terapia cognitivo-conductual , programa que ha sido científicamente avalado tras numerosas investigaciones como el más eficaz en la hipocondría y en otros trastornos. Utilizando esta terapia podrá controlas sus preocupaciones irracionales, ya que aprenderá algún método para conseguir dejar de pensar en algo no deseado. A la vez podrá contrarrestar ese malestar significativo causado por esos pensamientos, y el impacto que estos generan en su comportamiento con su familia, debido a la pobre calidad de vida que acompaña este trastorno.
Más información sobre Hipocondría:
La característica central de la hipocondría es la preocupación excesiva por la salud. Esta preocupación puede manifestarse en el temor de presentar una enfermedad grave o en el convencimiento de estar padeciéndola, a partir de la interpretación errónea de signos o síntomas fisiológicos normales. La prevalencia en la población general se desconoce y en la práctica médica se sitúa entre el 4 y el 9%. La edad de inicio más frecuente es a principios de la edad adulta. Su curso es crónico, aunque pueden darse oscilaciones marcadas: periodos de exacerbación en épocas de estrés junto con épocas de recuperación, incluso asintomáticas, a pesar de que la remisión es poco probable en ausencia de tratamiento. La comorbilidad es particularmente elevada con el trastorno depresivo mayor y con trastornos de ansiedad, sobre todo el de pánico.
Aunque está incluida entre los trastornos somatomorfos, desde la orientación cognitivo-conductual, la hipocondría puede ser conceptualizada como un trastorno de ansiedad a medio camino entre las fobias y el TOC. En el modelo cognitivo-conductual de la hipocondría, similar al del trastorno de pánico, las sensaciones físicas elicitan interpretaciones negativas que provocan ansiedad, lo que conduce a su vez a conductas como la búsqueda de tranquilización, comprobación y evitación de estímulos relacionados con la enfermedad. Los pacientes focalizan la atención en sus síntomas y en la información relacionada con la enfermedad, lo que provoca una atención selectiva y un sesgo de confirmación respecto a sus interpretaciones negativas. El aumento de activación y ansiedad provoca a su vez más síntomas, atrapando al paciente en un círculo vicioso. (subir)
Si tuviésemos que definir la depresión en pocas palabras, diríamos que es un estado emocional caracterizado por la imposibilidad de disfrutar. Es decir, si a una persona deprimida le regalamos un viaje al Caribe con los gastos pagados y hasta puede elegir su compañía, y pudiéramos valorar el disfrute de 0 a 10, esa persona deprimida como muy alto se quedaría generalmente en un 3.
Siendo más detallistas, veremos que la depresión es un serio trastorno emocional que implica cambios importantes en nuestra forma de sentir, de pensar y de actuar:
- De sentir, en cuanto a que en una persona deprimida las emociones cambian sensiblemente. Puede que tengamos ganas de llorar, que notemos tristeza, y no es infrecuente que aparezcan otros sentimientos desagradables como irritabilidad o ansiedad. Esto facilitará en gran medida que pensemos que actuaremos de determinada manera.
- En cuanto a nuestro modo de pensar, éste suele sufrir graves distorsiones a la hora de procesar la información; lo más probable en casi todas las situaciones será ver el lado negativo; así es normal mostrarse pesimista respecto al futuro, contrariado contra el mundo y autocrítico con uno mismo. Será necesario un tratamiento cognitivo conductual.
- El modo de actuar de un depresivo beneficia a que el grado de malestar aumente. Es decir, a una persona deprimida lo que más le apetece hacer en la casi totalidad de los casos será llorar y AISLARSE. Este modo de actuar nosotros lo comparamos a un cigarrillo. Una persona fumadora si está nerviosa puede que fume porque eso parezca tranquilizarle, pero lo único que está haciendo es aumentar la probabilidad de sufrir un cáncer en el futuro. En el caso de la persona deprimida, el aislarse sólo beneficia a que su desesperación aumente, aunque en el momento de quedarse en casa sea un alivio para la persona.
No obstante, en la depresión también aparecen cambios bioquímicos en el organismo que producen alteración del sueño (dormir poco o en exceso), del apetito (por lo general apenas se tiene hambre) y de la líbido (disminuyendo considerablemente).
Para considerar que una persona está deprimida, tiene que estar sufriendo una parte importante de estos cambios, y además, que se mantenga durante un periodo de tiempo razonablemente largo. Por ejemplo, una combinación de los cambios previamente mencionados podría experimentarlos un joven rechazado por su novio/a, y no se consideraría depresión, a no ser que no emergiese de esa situación.
Muchas personas que, por supuesto no habrán sufrido esta enfermedad, podrán decir formulaciones sin sentido del tipo “que la depresión no existe”, “eso es un cuento”... pero lo cierto es que ante este trastorno nadie está inmunizado. Se trata del trastorno psicológico más frecuente. Los datos estadísticos indican que alrededor del 10%-15% de la población general está o llegará a estar clínicamente deprimida a lo largo de su vida.
Aunque podemos encontrar depresión en cualquier momento de la vida de una persona, parece claro que el riesgo de depresión aumenta con la edad, encontrándose 2 periodos críticos: entre los 35 y los 45 años; y a partir de los 60 años. (subir)


